La ciencia del terror o por qué nos encantan las pelis de miedo

0
105
views

Vemos el rostro desencajado de Jack Nicholson apareciendo tras los restos de una puerta que acaba de derribar con el hacha que aún sostiene. Mira a la aterrorizada Wendy con una sonrisa enloquecida mientras grita: “¡Aquí está Johnny!” …No podríamos imaginar vivir una experiencia así en la vida real sin sentirnos completamente aterrados, pero… ¿Por qué nos divierte tanto verlo en una pantalla?

Tal y como explican Arash Javanbakht, Linda Saab en Independent, el miedo es una emoción tan antigua como la vida en la tierra. Es una reacción fundamental y profunda que ha evolucionado a lo largo de la historia de la biología para proteger a los organismos contra las amenazas percibidas hacia su existencia o integridad.

El miedo puede mostrarse de muchas maneras, desde el simple respingo de una antena de caracol al ser tocada, hasta la compleja ansiedad existencial en la vida de una persona. Nos guste o no, el hecho es que hasta hacemos homenajes a esta emoción, celebrando incluso un día en su nombre.

Lo qué ocurre en nuestro cuerpo cuando tenemos miedo…

Si hablamos de la reacción cerebral, algunos de los principales químicos implicados que envuelven la reacción del miedo también son claves en las reacciones hacia otras emociones positivas como la felicidad y la excitación. Por eso, tiene sentido que el estado de alto nivel emocional que experimentamos durante un susto pueda ser percibido de una forma positiva. ¿Qué es lo que marca entonces la diferencia entre llevarte un susto divertido y sentirte completamente aterrorizado?

El factor más relevante que nos hace descifrar de qué forma percibimos el miedo es el contexto. Cuando nuestra consciencia perceptiva analiza el contexto y advierte que estamos en un espacio a salvo, envía este feedback a nuestro cerebro más primitivo y emocional, cambiando rápidamente la forma en la que experimentamos ese estado de alta excitación, pasando del miedo al disfrute o la excitación. Re-etiquetamos experiencias cuando sabemos que no son realmente una amenaza, asociando el contexto que nos rodea, por sus características, a un estado de bienestar y permitiéndonos disfrutar de esa excitación

La reacción del miedo comienza con un estímulo externo amenazante que es procesado en el cerebro, concretamente por la amígdala, una región del lóbulo temporal que procesa y almacena las reacciones emocionales. Esta reacción se expande por todo el sistema nervioso, que crea ajustes para una buena reacción de defensa o huida. El miedo hace que nuestro sistema nervioso se muestre hiper alerta, nuestras pupilas y bronquios se dilaten y la respiración se acelere, así como aumente nuestra frecuencia cardíaca y nuestra presión arterial. La corriente sanguínea y el nivel de glucosa en los músculos se acrecienta y disminuye la velocidad de los órganos que no son vitales para la supervivencia en ese momento, como el sistema gastrointestinal.

Entonces, son el hipocampo y el córtex prefrontal, que trabajan en un nivel superior de procesamiento, los que al recibir la señal de miedo de la amígdala, reinterpretan la situación analizando el contexto en el que nos encontramos, a través de la comparación y el recuerdo de asociaciones anteriores y confirmando o no la amenaza percibida.

Ver a un león salvaje puede desencadenar una fuerte reacción de miedo, pero la respuesta al percibir la imagen de ese león en un zoo se parecerá mas a la curiosidad y a la admiración que a este terror, ya que interpretamos el contexto como algo no amenazante, básicamente porque nuestro circuito cerebral de “razonamiento” que ya ha aprendido de otras situaciones, se encarga de asegurar al resto del cerebro de que estamos en un lugar seguro.

Al igual que otros animales, los humanos frecuentemente aprendemos el miedo a través de experiencias personales como haber sido atacados por un perro agresivo o haber visto a otros siendo atacados, al igual que aprendemos a estar a salvo en su presencia gracias a la exposición, estando en contacto con un perro domesticado o al observar a la gente interactuar amistosamente con ellos. Sin embargo, los humanos además aprendemos de una única y evolucionada forma llamada instrucción (aprendemos gracias a la asociación de palabras habladas o escritas). Si un cartel nos dice que un perro es peligroso, sentiremos la respuesta de miedo al aproximarnos a esa puerta.

¿Por qué algunos disfrutamos del miedo?

Según Arash Javanbakht y Linda Saab , el miedo nos mantiene distraídos y eso puede ser una experiencia positiva. Cuando algo terrorífico ocurre, nos ponemos en alerta sin preocuparnos de otras cosas que podemos tener en mente en un momento dado (problemas de trabajo, económicos, de pareja…), ya que esa sensación nos posiciona en el aquí y el ahora.

Es más, cuando experimentamos esos miedos con personas de confianza alrededor, podemos encontrar esa emoción como algo positivamente contagioso. Somos criaturas sociales y aprendemos los unos de los otros, por eso, cuando miramos a nuestro amigo y vemos que está gritando y riendo, nos dejamos influir por su estado emocional y lo imitamos. 

Cuando todos estos factores contextuales nos dan la sensación de control, es cuando podemos responder al miedo con placer: Tras superar esa primera fase de terror, nos sentimos satisfechos, tranquilizados por nuestro confort y más seguros en nuestra habilidad para confrontar las cosas que antes nos asustaban.

Entonces, ¿por qué no todos podemos disfrutarlo?

Si la persona percibe la experiencia como algo demasiado real, una respuesta de miedo extremo puede superar la sensación de control sobre la situación. Esto puede pasar incluso entre aquellos que aman las experiencias terroríficas: te puede encantar ver al asesino de Scream en acción, pero a la vez quedarte aterrorizado viendo El Exorcista al sentirlo demasiado real.

Esto ocurre cuando no modulamos tan bien nuestra sensación de terror con la de control, porque nuestras expectativas, aprendizajes o experiencias previas no nos han dado tantas armas de razonamiento ante una situación que nos desborda y por tanto, nos dejamos llevar por esta reacción primaria.

Troll 2Igualmente, si la experiencia es demasiado irreal y choca con el razonamiento previo de una persona, puede ser percibida como aburrida o ridícula…¿Imaginas a un médico analizando las características vitales realisticamente imposibles del cuerpo de los zombies de The Walking Dead? Quizás no disfrutaría tanto de su contenido como el resto del público, al igual que una persona que ríe ante alguna gran obra de terror de serie B que le parece catastrófica.

En resumidas cuentas, el terror, cuando se percibe dentro de un contexto seguro, nos hace experimentar una excitación enorme que nos divierte y estimula. Excepto en casos en los que existe un trastorno de ansiedad en los que nos es más difícil disfrutar del miedo y tener sensación de control, ver pelis de terror nos hace sentir esa emoción puntual con la que olvidarnos de nuestros problemas reales, sabiendo que estamos a salvo y disfrutando…

…¿¡palomitas y acción?!

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here